La elección
de la pipa es un momento importante en la vida del aspirante a fumador, que
no tiene porqué ser necesariamente siempre un joven. En general, de estudiantes
casi todos hemos probado a fumar en pipa, pero después de un par de experiencias
fallidas nos hemos olvidado de ella, abandonándola en el fondo de un
cajón, donde quizá yace todavía, totalmente olvidada. Los
motivos de estos «fracasos» pueden ser varios, pero el más
importante suele ser adquirir una pipa equivocada. En efecto, el que comienza
a fumar en pipa y todavía ho conoce los placeres que en ella puede encontrar
no quiere gastar mucho. para no tener después que arrepentirse del dinero
despilfarrado. Y éste es precisamente el error fundamental: al adquirir
una pipa ordinaria se corre el riesgo de que pique o de que sea tan mala que
haga añorar los cigarrillos recién abandonados. De aquí,
la incomprensión, el fastidio y la incapacidad para gozar de un placer
al que un fumador apasionado no renunciaría ni siquiera a cambio de fabulosas
riquezas. Quien se aproxima a la pipa como a un simple sucedáneo de los
cigarrillo recién prohibidos por el médico, y por tanto, con el
desasosiego propio de quien se ve obligado a una renuncia, no sólo comenzará
«mal», sino que su inicial descontento muy pronto se convertirá
en odio.
Una vez hecha esta importante precisión, debe tenerse en cuenta que una
sola pipa, incluso para el principiante, es siempre insuficiente.
He aquí algunas sugerencias para una adquisición:
Mientras no incremente el número de sus pipas, el nuevo fumador deberá sacrificarse y limpiar su pipa diariamente después de cada fumada, para eliminar la humedad producida. De todas formas, debe tenerse en cuenta que tres pipas de buena calidad son preferibles a una sola muy cara. Quien anteriormente haya sido fumador de cigarros y tema encontrarse a disgusto con esta nueva clase de humo, no tiene necesidad de llevar a cabo una renuncia brusca y total: basta con que inicialmente reserve la pipa para las horas del atardecer (que son las más propicias para disfrutar de ella) y para los momentos de la siesta, después de las comidas, y continúe fumando un par de cigarros por las mañanas y antes de la cena. Poco a poco, él mismo se dará cuenta de la diferencia y abandonará, quizá con pesar, el antiguo placer, para entregarse total y exclusivamente a la nueva amiga y fiel compañera.
El
rodaje
Una regla fundamental es no seguir los consejos de los amigos, que aunque dados
con la mayor buena fe unas veces resultan inútiles, otras absurdos y
frecuentemente perjudiciales. Un consejo bastante frecuente es el de tratar
la pipa nueva con alcoholes: no existe nada más erróneo, ya que
de hacerlo así se corre el riesgo de comprometer el futuro funcionamiento
de la pipa. Una buena pipa no tiene necesidad de ningún tratamiento esencial:
lo único que necesita es un período de «rodaje» durante
el cual es necesario seguir una serie de normas importantes y.. armarse de paciencia,
ya que la pipa es una lenta y paciente conquista que después se transforma
en amor apasionado. El tabaco debe introducirse pellizco a pellizco hasta llenar
la cazoleta. Los estratos más bajos deben comprimirse menos. La primera
capa de tabaco que se prende tiende a inflarse, acelerando el tiro y calentando
el humo en exceso. Es necesario entonces reducir inmediatamente el tiro, aplanando
y bajando la superficie prendida por medio del atacador, instrumento esencial
especialmente para el aire, la combustión disminuye y el humo llega más
lentamente, resultando también más fresco y agradable. Esta operación
debe repetirse tantas veces como sea necesario porque no sólo permite
regular el tiro de forma adecuada, sino también porque permite mantener
en su justo grado la temperatura del tabaco, sin alterar el aroma de la mezcla,
así como la formación de un estrato protector de carbón
del que dependerá en adelante el pleno rendimiento de la pipa. Una vez
consumido el tabaco, la pipa debe vaciarse de las cenizas y los posos que se
hayan depositado en el interior de la cazoleta, de forma que quede limpia y
sin olores. Después de haber fumado con éxito por lo menos seis
veces, rellenando siempre la pipa hasta el borde, fumarla todavía seis
veces más. atentos siempre a una correcta dosificación de la compresión
del tabaco. Es necesario que el humo salga de la boquilla lo menos caliente
posible. Cuando se consiga fumar la pipa sin dejar más residuo que las
cenizas puede decirse que se ha descubierto el placer de fumar. Se puede proceder
entonces ya al relleno completo de la cazoleta, comprimiendo ligeramente el
tabaco y poniendo atención en que no quede obstruido el vástago,
para que el tiro se realice con facilidad.
Para cargar la
pipa de la forma más correcta es necesario introducir el tabaco poco
a poco, después de haber comprobado que no está ni muy seco ni
muy húmedo y, en el caso de tratarse de una mezcla, que las diferentes
calidades están perfectamente mezcladas entre si.
En el interior de la cazoleta, el tabaco debe estar menos compri mido en los
estratos más bajos que en los superiores. El encendido debe hacerse uniformemente
en toda la superficie de la cazoleta, estando atentos a comprimir con el atacador
el tabaco que se levante por efecto del calor. El principiante debe tener en
cuenta que durante la primera semana no deberá fumar la pipa nueva más
de 2-3 veces al día; el fumador veterano, sin embargo, podrá alternarla
con las demás pipas de su colección. Un principio esencial a seguir
es el de fumar lenta y profundamente, volviendo a encender las veces que sea
necesario. Cuando después de fumar una pipa durante cierto tiempo se
nota un aumento de la humedad y que ya no es posible «fumar seco»,
se la dejará descansar durante un largo periodo de tiempo. Cuando se
la vuelva a emplear, se hará con tabacos muy secos: «picadura fuerte»
o «toscano» muy desmenuzado. Siguiendo estos consejos, la pipa perderá
completamente su exceso de humedad.
Una regla fundamental
es fumar muy despacio, ya que las aspiraciones fuertes y el nerviosismo estropean
no sólo la vida sino ¡también la pipa! Es necesario comprimir
de vez en cuando el tabaco que se levanta por efecto del calor, pero sin ejercer
una presión demasiado fuerte, que dificultaría el tiro y provocaría
condensaciones de humedad. Si se controla la aireación y se aspira lentamente
el humo llega más fresco a la boca. Cuando el tabaco se consume con regularidad,
quiere decir que la pipa ha sido cargada de forma correcta y se ha fumado bien,
si, por el contrario, queda una capa de tabaco ligeramente húmeda en
el fondo de la cazoleta esto es señal de que no se ha fumado con arreglo
a los consejos anteriormente expuestos. Estos residuos no deben volverse a encender
bajo ningún concepto, por el contrario, es necesario eliminarlos de inmediato.
En la cazoleta de la pipa el tabaco se comporta como la leña, la turba
o el carbón dentro de una estufa. En ésta para encender el fuego
se colocan en el fondo los materiales de más fácil combustión
(teas, papel), y cuando el fuego ha prendido ya se cierra el portillo de la
estufa y se deja únicamente abierto el tiro. Después, conforme
aumenta el calor, se va cerrando la válvula del tiro, puesto que al fuego
debe llegar sólo el aire estrictamente necesario. En la pipa, en lugar
de la válvula del tiro contamos con la mayor o menor compresión
del tabaco, si ésta se regula de modo correcto al terminar la fumarada
solamente quedarán en la cazoleta algunas brasas cubiertas de cenizas.
Los fósforos de madera han sido durante años los mejores compañeros de la pipa. Efectivamente, los fumadores experimentados saben que es desaconsejable el uso de la cerilla, ya que una minúscula gota de cera que caiga sobre el tabaco es suficiente para echarlo a perder irremediablemente. El advenimiento del encendedor ha cambiado en parte este estado de cosas, por lo menos en lo que respecta al encendedor de gas, ya que la experiencia ha desaconsejado la utilización del encendedor «de gasolina» por las perniciosas consecuencias que tanto sobre la salud como sobre el aroma del tabaco tienen las emanaciones del gas despedido por la gasolina, sobre todo cuando son necesarios varios encendidos. Por el contrario, carece de sentido todo retraimiento o rechazo hacia los mecheros de gas, cuyas cualidades de comodidad y economía les han dado un gran ascendiente sobre los fumadores en estos últimos tiempos. Desde hace algún tiempo circulan por el comercio algunos modelos que expulsan la llama en sentido horizontal: han sido estudiados a propósito para ser utilizados en el encendido de la pipa.
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